Por ser un Silver Ghost, el modelo que cimentó el prestigio de la marca e inició su leyenda, es un magnífico Rolls, y en cuanto a la carrocería, es simplemente excepcional, por lo que el conjunto merece la mejor valoración. El inicialmente denominado Rolls-Royce 40/50 HP, sin duda la mejor creación de Henry Royce, fue el primer modelo que produjo la fábrica de Derby, y durante sus primeros años, el único. En cuanto al sobrenombre Silver Ghost (fantasma plateado), lo debe al ejemplar totalmente acabado en plata y aluminio pulido, que es uno de los más simbólicos y conocidos. Por supuesto, aparte de este hay muchos otros Silver Ghost excepcionales, y todos parten de una legendaria base mecánica que en sus 20 años de vida apenas necesitó cambios profundos.
La formidable convertibilidad de la carrocería de este auto, carrocería Barker, que partiendo de la configuración cerrada y tras bajar las cuatro ventanillas laterales, plegar las guias de las delanteras y soltar dos palanquitas de media vuelta que lleva en el interior del marco del parabrisas, basta una sola mano para abatir hacia atrás techo y montantes, tornándose un purísimo cabriolet. Al soltar los montantes de la ventanilla como estructura soportacapota, se obtiene mucha solidéz y se suprime la típica armadura independiente. Gracias a ello, no se lleva un antiestético entramado sobre la cabeza al ir cerrado, y aunque la capota es flexible, queda tan perfectamente tensa y sujeta que casi cumple como un techo rígido. Cerrando los cristales, el viento, el agua, el frío y los ruidos, apenas afectan a los dos ocupantes. Posee una mecánica tan refinada, suave y suficientemente potente como debe ser la de un Rolls de la mejor cepa, una casi inacabable lista de detalles funcionales y de acabado, y la exquisita realización de todos los órganos mecánicos y sus típicos reenvios mediante varillas articuladas. Mención específica merece el sistema de alimentación: como no lleva nodriza ni bomba, en el tapón de llenado hay un émbolo para presurizar el depósito, y un manorreductor suministra gasolina al carburador a la presión adecuada. Por supuesto, existe una llave de paso para cortar el flujo de combustible cuando se deja parado, y una válvula para poder despresurizar el circuito. Lo más paradójico de este coche es que estuvo a punto de no existir, ya que, inicialmente, su primer propietario encargó una carrocería cerrada. Afortunadamente se arrepintió a tiempo y, gracias a eso, aún hoy podemos seguir deleitándonos con este feliz matrimonio entre todo un señor Rolls y toda una señora Barker, cuyo resultado es evidente: difícilmente mejorable.
Fuente:
elgarage.com
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